sábado, 2 de noviembre de 2013

¡Qué dicha morir mártir!




¡Qué dicha morir mártir! 
Así escribía a su familia,  
poco antes de sufrir el martirio,
el P. Gregorio Escobar García 


Gregorio había nacido en la monumental ciudad de Estella (Navarra) el 12 de septiembre de 1912. Fue bautizado en la iglesia parroquial de San Pedro de la Rúa, donde su padre ejercía de sacristán. Crece en el seno de una familia numerosa y profundamente cristiana. Tenía sólo 16 años cuando Dios le dio a beber el cáliz amargo de la pérdida de la persona que más quería, su madre. Ni siquiera había hecho el noviciado; pero ya entonces, en esa dura prueba familiar, dejaba entrever el arraigo de su fe en Dios y su fervor apostólico. Emotiva la carta que su padre escribiría a los Oblatos en esa ocasión. Al llegar del juniorado a casa, “Gregorio se encontró  con su querida madre enferma de gravedad. Él se cuidaba de todo, a todos animaba a prepararnos para el día que Dios tenía asignado. Pasaba el día y la noche  sentado a la cabecera de su madre. Como si fuera un sacerdote, la preparaba para la hora de la muerte. Llegó el día en que Dios la llamó, el 8 de septiembre de 1928. ¡Con qué animo y con qué cariño hablaba a todos para la resignación! ¡Como un santo!"
Su hermana María Puy, casada, católica practicante, nacida en Estella como su hermano Gregorio, pero residente en Zaragoza, aporta con su testimonio valiosos datos sobre su vida virtuosa: su fervor eucarístico, su caridad para con los pobres, confianza en Dios y deseo de martirio. Afirma que ella misma y varias personas más se han encomendado a él con fruto. Entregó al Postulador de la Causa varias cartas y documentos. Se puede leer a continuación el...

Virgen del Puy, Patrona de Estella

Testimonio de María del Puy Escobar García


Familia profundamente cristiana

Soy hermana del Siervo de Dios Gregorio Escobar García. Yo conocí a mi hermano en el año 1934, cuando yo tenía siete años de edad, cuando vino a hacer el servicio militar en Pamplona; y no lo conocí hasta entonces porque Gregorio se había marchado a la Congregación de los Misioneros Oblatos de María Inmaculada antes de que yo naciera. Todas las referencias que yo tengo son por lo que viví y oí en mi familia, y por las cartas que mi hermano me escribió a mí y a mi familia.
Nuestros padres llamaban Hilario y Felipa. Nuestro padre fue sacristán de la parroquia de San Pedro (La Rúa) durante muchos años. Mi madre murió en 1928, y mi padre contrajo segundas nupcias el 23 de febrero de 1936, con una mujer que nos había ayudado mucho y que era muy buena persona.
Además de sacristán de la parroquia, mi padre era también electricista, y en relación con la condición socioeconómica de la familia, no nos sobraba, pero tampoco nos faltaba. Hemos sido nueve hermanos, dos de los cuales murieron siendo muy pequeños. De los siete restantes, seis murieron en el plazo de diez años, siendo yo la única que vive de los hermanos.
La conducta moral y religiosa de mi padre, así como de mi madre y de mi madrastra, era de gente profundamente cristiana, muy devotos de la Santísima Virgen bajo su advocación de Ntra. Sra. del Puy, y con muchísima devoción a la Eucaristía.

Fama de bueno y caritativo

La relación de mi hermano Gregorio con la familia, era muy grande. No sólo con los padres, sino también con cada uno de los hermanos, a los cuales nos escribía por nuestros cumpleaños.
En cuanto a si mi hermano Gregorio destacaba por alguna práctica o devoción especial, lo hacía en las que había vivido toda la familia, es decir, a la Eucaristía y a la Virgen del Puy.
Por las referencias que tengo, no sólo de la familia sino también de la gente del pueblo, sé que mi hermano era un chico muy bueno. Iba a ayudar a misa como monaguillo. Las mujeres del pueblo le decían que iba a llegar a “cura”, y él decía que no quería serlo. Como anécdota puedo contar que cuando un pobre vino a pedir a mi casa, fue Gregorio quien le bajó la limosna y el pobre le contestó que habría de llegar a ser obispo.

Ordenación sacerdotal

Tenía una gran ilusión por ser sacerdote, como se desprende de sus cartas, y llegó a culminar esa ilusión ordenándose, según hace referencia la carta del 6 de junio de 1936. Mi padre y su esposa vinieron (a Madrid) para la ordenación sacerdotal, y no nos trajeron a los demás hermanos porque pensaban que unos días después vendría Gregorio al “cantamisa” en Estella. Mi padre tenía mucha ilusión porque mi hermano fuese a “cantar” allí la Misa y fuera a predicar en la fiesta de la Patrona, Ntra. Sra. del Carmen.

Ferviente devoción a Jesús Eucaristía

No recuerdo ningún defecto de mi hermano. Cuando yo le conocí en Estella era muy bueno y muy simpático. Se entretenía mucho con los niños jugando con ellos y tenía mucha aceptación.
Era muy piadoso y cuando volvía de comulgar se le cambiaba la cara. Cuando vino al pueblo en el año 34, porque estaba haciendo el servicio militar, entonces obligatorio incluso para los religiosos, cuando regresó de comulgar volvió con algo especial en el rostro. Al salir de misa, unas señoras comentaban entre ellas que quién era aquel “soldadico” que parecía tan santo, y yo les respondí orgullosa que era mi hermano, que era fraile y que estaba haciendo el servicio militar.

Experiencia del ambiente hostil en su ordenación

Sobre el ambiente que reinaba en Madrid, y en concreto en Pozuelo de Alarcón, en estas fechas de junio y julio de 1936, puedo contar dos anécdotas. La primera, relativa a cuando mi padre y su mujer vinieron para la ordenación de mi hermano el 6 de junio. Estando mis padres en el Convento de los Oblatos, oían los insultos que dirigían a los frailes los que pasaban por la carretera. La otra anécdota fue que al volver de la capilla del seminario conciliar de Madrid, donde mi hermano fue ordenado sacerdote, mis padres con mi hermano y otro religioso cogieron un taxi y hubieron de parar ante una comitiva oficial. Estando parados se les acercó uno que, por la ventanilla, les dijo: Éstos, con una botella de gasolina, qué bien arderían.
Este ambiente en el que vivían queda también reflejado, al menos, en una carta de mi hermano fechada el 4 de mayo de 1936, en la que, hablando de las posibles fechas de su ordenación, hace referencia a las dificultades para encontrar un obispo que le ordenara de diácono porque estando como están las cosas no vienen fácilmente a Madrid, y si vienen es de incógnito, así que no hay quien los encuentre. Efectivamente, de diácono fue ordenado en Carabanchel Alto (Madrid), en el teologado de los Salesianos, por D. Marcelino Olaechea, en aquel entonces Obispo de Pamplona. Esto lo sé porque mi padre, con ocasión de que D. Marcelino vino al pueblo en la festividad de la Virgen del Puy, hizo que todos los hermanos, cuando le besamos el anillo, le diésemos las gracias por haber ordenado diácono a nuestro hermano Gregorio.

Refugio en la clandestinidad

Sobre los hechos de la detención de la Comunidad en Pozuelo, y todo lo que, tanto mi hermano como los otros Oblatos, hubieron de sufrir, yo lo único que puedo decir es por referencias, entre otros de un sacerdote Oblato ya fallecido llamado Antonio Aguirre. Por él supimos que a los dos días de comenzada la Guerra Civil, los milicianos entraron en el convento de Pozuelo y que, ya allí mismo, se llevaron a siete.
Posteriormente, los llevaron a la Dirección General de Seguridad donde les dejaron libres y cada uno se refugió en donde pudo. En concreto, mi hermano lo hizo en la casa del sastre de la comunidad y siempre estuvo con el Superior de la misma, el P. Vicente Blanco. Después los volvieron a detener y los llevaron a la Cárcel Modelo, y de ésta a la de San Antón. Cuando pensaban en otro traslado, fue cuando los llevaron a un pueblo llamado Paracuellos del Jarama y allí los asesinaron.

Perdonar como hizo él

También nos dijeron que murieron gritando: “¡Viva Cristo Rey!” y perdonando a sus asesinos. Sobre esto tengo un hecho, y es que, al enterarnos de la muerte de Gregorio, los más pequeños reaccionamos de forma airada, y mi padre nos dijo que si Gregorio había muerto perdonando, nosotros también lo teníamos que hacer. En la carta del 1 de marzo de 1936, mi hermano afirma que el mejor sacerdocio al que podíamos aspirar todos era al del ofrecimiento del propio cuerpo y sangre a Dios nuestro Señor. Y dice: ¡Qué dicha sería la de morir mártir!.

Fama de Mártir en familia y en Estella

Desde el momento en el que nos enteramos de la muerte de mi hermano, toda la familia lo ha tenido por mártir, y no solamente la familia, sino todas las personas que nos conocen en Estella. Yo, muchas veces, le oí comentar a mi padre que Gregorio era mártir, y el párroco, que se llamaba don Pedro Arbizu, lo tenía por mártir. Esta fama, con el paso de los años se ha mantenido siempre viva y tanto yo, personalmente, como gente de mi familia, nos encomendamos a él.

Agradecida a Santiago Carrillo

Con las beatificaciones de otros mártires de la Guerra Civil, en mi familia pensábamos que ya le tocaría el “turno” a Gregorio, y voy a contar una anécdota del sentimiento que tenemos en la actualidad en mi casa, y yo personalmente, sobre la muerte de mi hermano. Es de todos conocido que uno de los grandes responsables de las muertes de Paracuellos fue el líder comunista Santiago Carrillo. Yo no sólo lo he perdonado, sino que, en cierta forma, le estoy agradecida porque la actuación que tuvo, hizo que en la familia pudiésemos contar con un mártir, y no tengo ningún reparo en decirlo así a mis amigas.

Buen intercesor ante Dios

Ya he dicho que me encomiendo a mi hermano. Yo padecí de muchos pinchazos y dolores en una pierna, y prácticamente no me podía mover, hasta que un día me encomendé a mi hermano de esta manera: ¡Ay, Gregorio, ayúdame! El dolor desapareció instantáneamente y no volvió a aparecer.
Una familiar, que sufría mucho porque no se hablaba ni con su madre ni con sus hermanos, me decía que gracias a la intercesión de mi hermano Gregorio habían hecho las paces.
Uno de mis cuñados me decía que todo lo que pedía a Gregorio, se lo concedía, aunque nunca me ha dicho cuál era el objeto de sus peticiones. María del Puy Escobar García



Recordatorio de su ordenación sacerdotal. Texto: 
En tus manos, 
Madre amantísima del Puy de Estella, 
pongo el Sacerdocio 
que de las de tu Hijo divino he recibido




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