martes, 19 de enero de 2016

Boletín nº 28


     Nuestro Señor Jesucristo fue enviado por el Padre “para dar la Buena Noticia a los pobres”. Llamó algunos discípulos a tomar parte en su misión, y desde entonces, sigue llamando a otros para que le sigan. Este fue el llamamiento que oyó S. Eugenio de Mazenod. Abrasado de amor a Cristo y a su Iglesia, quedó profundamente impresionado por el abandono en que estaba el pueblo de Dios. Decidió ser “el servidor y el sacerdote de los pobres” y sacrificar por ellos su vida entera. Ante la magnitud de la empresa, reunió junto a sí a algunos sacerdotes, animados del mismo celo ardiente por los más abandonados y los impulsó a vivir juntos (OMI CC.RR)




1816-2016
JUBILEO OBLATO

Así dio inicio en Aix de Provenza (Francia) el 25 de Enero de 1816 la primera comunidad apostólica de los Misioneros Oblatos de María Inmaculada. En la actualidad algunos millares de Misioneros Oblatos, hijos espirituales de San Eugenio, intentamos seguir viviendo ese carisma y secundar ese impulso misionero en más de 60 países por los cinco continentes.
Pero los Oblatos no podemos acapararnos el monopolio de este carisma, ya que los carismas, sin son tales, son un don del Espíritu Santo para toda la Iglesia. De hecho a lo largo de estos 200 años han surgido en la Iglesia unos 40 Institutos inspirados en él o afines a la familia oblata.
También los laicos tienen derecho a participar tanto en el carisma  como en esa misión evangeli- zadora que surgió en Aix. Toda esta gran Familia Oblata, tras un trienio de preparación, nos disponemos a celebrar, con sencillez y gratitud ese JUBILEO OBLATO. Este gozoso evento se está celebrando de diversos modos en varias partes del mundo. En España concretamente habrá una celebración a la que el Vicario provincial envía a nuestros amigos la siguiente invitación:

Invitación del Vicario Provincial a los amigos de los Oblatos

Estimados lectores del Boletín de los Mártires, como ya sabrán, durante este año 2016, celebramos el bicentenario del inicio de la vida de comunidad de nuestra querida Congregación de, los Misioneros Oblatos de María Inmaculada, en la que vivieron, se santificaron y ofrecieron sus vidas, nuestros Mártires. Doscientos años de una hermosa historia que comenzó el 25 de Enero de 1816, cuando San Eugenio de Mazenod, quiso reunir entorno así un pequeños grupo de sacerdotes, con el fin de revitalizar la fe que languidecía en Francia. Su deseo de evangelizar en su país pronto se convirtió en el deseo de evangelizar en todo el mundo, especialmente en los lugares más recónditos y difíciles. Una historia que continúa hoy presente en más de sesenta países. Por este motivo, queremos darle gracias a Dios, por hacerse presente en nuestras vidas a través del carisma oblato, y queremos hacerlo a través de un sencillo encuentro que tendrá lugar el próximo fin de semana del 26 al 28 de Febrero, en el que queremos combinar la celebración, la oración y el servicio a los pobres. Nos ayudarán a ello los Padres Paolo Archiati, Vicario General y Alberto Gnemmi, Superior Provincial. Para cualquier pregunta o aclaración sobre este evento, no duden en ponerse en contacto con el P. David Muñoz, llamando al teléfono 91 3523416 (Email: dav.m.medina@gmail.com). Así mismo, los que quieran participar basta con comunicárselo a él mismo antes del 21 de Febrero. Feliz Fiesta a todos.
                                                                                           Ismael García Moreno o.m.i.
                                              

El Padre Mario Borzaga, o.m.i.
“Mi vocación: ser un hombre feliz”


Viaje hacia la muerte (continuación del Boletín anterior)
El lunes 25 de abril de 1960, fiesta del evangelista San Marcos, portadores de la Buena Nueva de Jesús y de su amor por los pobres y los enfermos, se pusieron en marcha,. Entre los testigos de la salida estaba el joven Tito Banchong, futuro administrador apostólico del Vicariato de Louang Prbang, que tenía entonces unos doce años. Vieron salir a Mario, con la mochila a cuestas, boina en la cabeza, todo vestido de negro como un hmong; apenas unos centenares de metros y desapareció de la vista con su compañero a la vuelta del camino para penetrar en la foresta y bajar hacia el río Nam Ming. Sus parroquianos  y sus hermanos oblatos no volverían a verlo, ni a él ni a su catequista.
Pasaban los días, las semanas. ¿Qué había pasado? La búsqueda emprendida tras su desaparición, evidentemente, no dieron ningún resultado seguro. Se supo solamente que había llegado a la aldea prevista, Ban Phoua Xua; que allí había curado a los enfermos, y que después había reanudado el camino con el catequista prometiéndoles regresar  pasados unos meses. Se dirigían hacia la localidad de Muang Kassi, donde esperaban encontrar  una barca o algún camión de paso. Se supo también que elementos de la guerrilla se habían infiltrado por aquella zona y que circulaban sin ser molestados…En efecto, había que esperar más de cuarenta años para que las lenguas comenzaran a soltarse, para que se pudiera comenzar a reconstruir los trágicos acontecimientos de aquellos días. Quienes facilitaron, de modo directo, los detalles de los últimos momentos formaban parte de la guerrilla. Eran por entonces unos muchachos.
Viaje hacia la vida
El día uno de mayo en Muang Met, una aldea laosiana y kmhmu’ entre Ban Phoua Xua y Muang Kassi, una patrulla de la guerrilla encontraron a Mario, creían que era un “americano”,  y a su joven acompañante. No se sabe si el encuentro fue casual o si habían sido traicionados por la gente del poblado, simpatizantes con la guerrilla. Ésta odiaba a todo aquel que, a sus ojos, era americano, cristiano o blanco.  Los Kmhmu’ del poblado habían dicho a los viajeros que se fueran cuanto antes.
Los capturaron a la salida del poblado. Ataron al Padre, ligándoles las manos y antebrazos a la espalda, y le dijeron palabras muy duras. El joven catequista gritaba: “No lo matéis, no es un americano sino un italiano, es un sacerdote muy bueno, muy amable con todo el mundo. Sólo hace cosas buenas”. No lo creyeron: decidieron matarlo sin ningún proceso, pero discretamente, sin testigos, bastante lejos del poblado. Golpearon brutalmente al catequista para que se callara.              Mientras tanto, Mario permanecía tranquilo y en silencio, como Jesús ante sus acusadores, como cordero llevado al matadero.
Un antiguo soldado cuenta:
“A lo largo de la senda que sigue la parte opuesta del Phou Mun encontramos un espía americano, acompañado de un hmong.  Los obligamos a escavar una fosa. Fui yo quien disparó sobre ellos. El hmong murió en el acto, pero el americano, mientras caía en la fosa, lanzó un grito: ‘¿Por qué me disparáis a mí? ¡Soy el Padre!’ Sin esperar más, los cubrimos de tierra, después registramos la mochila que el americano llevaba a sus espaldas. No tenía gran cosa: cuerdas con granos con dos trozos de hierro cruzados, estampas de una mujer resplandeciente, sola o con un niño, y otras de un hombre con el corazón fuera…”
Rosarios, estampas del Sagrado Corazón de Jesús y de la Virgen María, eran todo el tesoro del misionero, las únicas armas. Era el uno de mayo, era domingo. Es probable que, en aquella aldea no cristiana, solo con su catequista, celebraría de madrugada la misa: fue su viático.
Los antiguos catequistas de Mario Borzaga también dan su testimonio:
“En abril de 1960 se fue al encuentro de la muerte, y yo hasta julio guardaba su casa y cuidaba de los animales. Entonces vinieron a matar los animales, pollos, cerdos… Tomaron todo el vino de misa, llevaron sus hábitos, destrozaron la casa. Yo tuve que abandonar la casa y huir al bosque.
Yo lo quiero y siempre pienso mucho en él: tenía un buen corazón y era muy paciente. Quería a todo el mundo, le me quería y murió. Yo lloré y derramo lágrimas. Actualmente siempre pienso en él porque era como mi padre. Yo creo y estoy seguro de que él reza a Dios para que me ayude cada día. Estoy seguro de que Xyooj y él están con Dios; porque los dos tuvieron un camino muy duro. Xyooj y el Padre son seguramente  santos en la tierra y eternamente en el cielo”.
¿Por qué ese crimen? Otro antiguo alumno testifica:
“Todos estamos convencidos.  En cuanto estudiante catequista del Padre Mario, testifico firmemente que fue asesinado porque iba a aquella aldea a echar fuera a los espíritus y para permitir a la gente que abrazara el cristianismo. Fue asesinado porque iba a anunciar la Buena Nueva de Jesús y a curar los enfermos.”
El sueño de un hombre feliz
Los que mataron a Mario Borzaga interrumpieron para siempre en la tierra el sueño maravilloso de ese joven misionero. Pero el sudor, las lágrimas y la sangre de ese joven hoy dan sus frutos en la vida de cuantos lo han conocido o están comenzando a conocerlo. En la vida verdadera, en Dios, su sueño se ha cumplido.
El Padre Mario Borzaga nos ha dejado un testamento espiritual de gran valor. Su vida demuestra con evidencia que la vocación misionera es un auténtico camino de santidad. Sí, dar su vida por los pobres, viviendo el mandamiento del amor, puede llevar a la perfección: “Yo quiero hacer crecer en mí una fe y un amor profundos y sólidos como la roca, escribía. Sin esas dos cosas yo no puedo ser mártir: la fe y el amor son indispensables. Creer y amar es lo único que hay que hacer”.
Justo antes de hacer su oblación perpetua en 1956, Mario expresaba en su diario el sueño de felicidad para su vida:
“He comprendido mi vocación: ser un hombre feliz, hasta en el esfuerzo por identificarme con Cristo crucificado. ¿Cuántos sufrimientos me quedan, Señor? Sólo tú lo sabes, y yo, en cada instante de mi vida, digo: fiat voluntas tua, ‘que se haga Tu voluntad’.  Quisiera ser, como la Eucaristía, un buen pan para ser comido por mis hermanos, su alimento divino. Por consiguiente tengo que pasar antes por la muerte en cruz. Primero el sacrificio, después la alegría de darme a los hermanos del mundo entero…
Si yo me doy sin pasar antes a través del sacrificio, yo no daré a mis hermanos, hambrientos de Dios, nada más que un pingajo humano, un residuo del infierno. Pero si acepto mi muerte en unión con la de Jesús, será Jesús mismo lo que yo podré dar con mis  manos a mis hermanos. Así pues no se trata tanto de renunciar a mí mismo cuanto de reforzar todo aquello que en mí es capaz de sufrir, de ser inmolado, de ser sacrificado en pro de las almas que Jesús me ha dado para amarlas”. (Padre Mario Borzaga, o.m.i., Diario de un hombre feliz, con fecha del 17 de noviembre e 1956).


El P. Mario (dcha.) con un grupo de gmons, futuros catequistas 
En el centro, el catequista Pablo Thoj Xyooj, martirizado con él.
En sucesivos números de este Boletín seguiremos publicando, si Dios quiere, el relato martirial de los otros cinco Mártires Oblatos de María Inmaculada, asesinados en Laos durante la persecución religiosa, entre  1954-1970, sellando así con su sangre la fe que proclamaban.


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